sábado, 22 de diciembre de 2007

Los Regalos de Betito

Era navidad y Betito se sentía feliz, a pesar de su ateísmo ingenuo sostenido por racionamientos tan estúpidos como: “Dios no existe pues si existiera podría crear una piedra tan grande que el mismo no pudiera cargar y por lo tanto no seria Dios”, racionamientos que si Descartes regresara a la vida volvería a su tumba llorando enterrandose a si mismo de nuevo. Este tipo de citas, que poco es decir, de mongoles, eran sus argumentos más pensados y sostenidos en acaloradas conversaciones con el resto de sus amigos de Barrio, ahí estaban el Dandy, el Papilon y el negro Toto. El primero un flaco, encorvado, cara de loco, despeinado que lo único en que pensaba era en correrse la paja, el segundo un criminalon de segunda mano, que seria encarcelado años más adelante por tratar de robar un patín sin llantas frente a una comisaría, y el tercero un negro maceteado que tenia el cerebro convertido en caucho a causa de tanta pasta básica. Los tres personajes no discutían nada a Betito pues este les ponía las chelas para sentirse bacán, sus años de misio habían pasado y ahora ganaba ya bien su vida, recordaba el día en que recibió su primer salario, 300 cocos, hasta entonces nunca había visto tanta plata junta, desde entonces poco a poco había ido dejando de ser misio, pero lo chabacano, vulgar e ignorante lo dejaría nunca. Ahora en vísperas de la noche buena Betito solo pensaba en como haría para comprar los regalos a su “family” como él decía, y sobre todo como hacer para que estos le salgan lo más barato posible. Fue Pailon que le dio la idea: “Por que no vas a la cachina pues compare, ahí encuentras de todo y todo es más barato”.
La cachina era un lugar mítico, se decía que era el centro de intercambio y venta Terminal de todos los ladronzuelos, drogadictos, gente de mal vivir, malandros, chaveteros, rateros y filibusteros de toda la ciudad. Ahí iban todos a vender sus botines obtenidos muchas veces con sangre, chuzos y agresiones. Los incautos que se aproximaban al mencionado mercadillo eran asaltados vilmente y sus pertenencias eran expuestas a la venta, casi al minuto mismo de la fechoría y frente a sus propios ojos, los más resignados, pero menos tontos, regresaban a casa lamentándose de su infortunada perdida, los mas inocentes y tontos trataban de negociar un precio con el vendedor de turno, que generalmente era el mismo ladrón vistiendo otra gorra, para pasar piola. El incauto asaltado trataba, como iba diciendo, de volver a comprar sus artículos perdidos al mismo ladron, el cual luego de sacarles el mejor precio, le aconsejaba de partir por un camino más seguro para que no sea robado, este camino “seguro”, en realidad era otra cueva de ladrones, y ahí, el mimo ladrón lo esperaba de nuevo para robarle una vez más las mismas pertenencias, este ciclo podía repetirse indefinidamente hasta que el incauto perdiera toda su plata definitivamente o quedara pelado de todas sus vestimentas. Los otros que solían recurrir a este antro de mala muerte eran los oportunistas, tratando de encontrar alguna ganga, Betito había ido en ese plan para hacer sus compras navideñas, mochila vieja en los hombros y seguido por su amiguito Dandy. Al pasar, entre los cachivaches viejos expuestos a lo largo de la callezuela sucia, Betito miraba impresionado todos los productos que allí se ofrecían al marchante. Mezclados en el tumulto se podían distinguir teléfonos celulares robados al lado de dientes postizos de segunda, ventiladores viejos al lado de patas de palo, televisores que captaban solo el canal 7 al lado de gafas rajadas con medidas diferentes en cada lente. Entre la gente y el tumulto de lado en lado a veces escuchaba la voz de alguno de los comerciantes que le preguntaba: Habla, que llevas?. Habla te compro tu merca… señalando su mochila vieja. Betito rastreaba la zona tratando de encontrar las gangas de su vida que lo haría economizar algunos míseros reales en regalos para la familia. Así caminando estaba, cuando de súbito golpe detuvo el paso, ahí estaba, era el regalo perfecto para su mami. Una licuadora Electrocuflux, en realidad Betito mas que pensar en comprarla para el querido ser, pensaba comprarla por interés, pues a él le gustaba beber los ricos jugos de frutas que vendía el juguero de la esquina de su barrio, y cada vez que pagaba los modicos 3 soles que costaba el jugo, Betito renegaba por el precio que, a sus ojos, era injustificado. Asi ya no tendria que comprarle nunca mas un jugo de frutas a ese cholo concha de su madre, pensaba… ahora le haría preparar los jugos a su mami. Sin reflexionar mas Betito pregunto, en voz alta y segura: “Habla causa cuánto cuesta?” señalando el aparato viejo, el vendedor astuto, al ver el interés, que Betito no se preocupaba en ocultar le dijo: “30 luquitas, para ti que eres mi chochera.”. Betito se creía popular en el bajo mundo, y pensó de veras que el vendedor lo conocía por sus hazañas y por eso lo llamaba chochera, penso que era uno de sus conocido de alguna pollada bailable que el no llegaba a distinguir por culpa de sus cegatones ojos o de su incapacidad fotogénica, en realidad el choro vendedor nunca lo había visto en su vida, para él, Betito no era nada mas que otro incauto con cara de huevon a quien estafar. Así Betito creyendo que la oferta se trataba de una ganga dijo: “La Llevo!”. El vendedor tomo la licuadora en sus manos y la envolvió en un papel periódico viejo, sin olvidar previamente de quitarle la etiqueta en la que estaba estampado el verdadero y justo precio, 3 soles.

Betito siguió caminando, siempre seguido por Dandy que se limitaba a mirar, este, las portadas de los casetes de películas porno ofrecidos por algunos comerciantes, y reir de tiempo en tiempo con su risa de robot mal enchufado.
Al final de la tarde Betito había ya comprado todos los “regalos”, aparte de licuadora compro una plancha para su viejo, que este utilizaría para plancharle sus camisas, un CD de Indochina de segunda para su hermana, musica que su hermana detestaba y que en realidad era la favorita de Betito, un nintendo para su sobrino, a quien impediría de jugar mientras él estuviera en casa, pues él tendría la prioridad. Había metiendo todo esto en su mochila y tomado el camino por el cual había llegado para regresar a casa. Cuando paso por la callejuela de salida de la Cachina, la mencionada cueva de ladrones, nadie lo detuvo, pensó que era debido a que su presencia imponía respeto o porque era conocido en los bajos mundos, en realidad era porque a nadie le interesaba robar los artículos que había comprado. Ya sano y salvo a unas cuantas calles de distancia del nefasto mercadillo. Un niño pobre y harapiento se le acerco estirando la manita y pidiéndole una limosna, el estaba tan contento por los ahorros que había realizado ese agitado día, que se sintió generoso y agradecido al cielo en el cual no tenía fe. Se metió la mano al bolsillo sacando un fajo de billetes mientras el niño a su lado esperaba ansioso y contento viendo tanto dinero junto, dinero que no había visto nunca en su vida, Betito separo los billetes uno a uno, mientras el niño seguía mirando cada vez mas ansioso y sonriente, Luego de haber contado bien su dinero frente al niño, Betito volvió a meter la mano en su bolsillo, esta vez saco una moneda de 5 céntimos, la cual extendió en ademán generoso hacia la mano del niño mirándolo fijamente y con ternura a los ojos mientras le decía en tono tierno: “Comparte con tus hermanitos…”. A continuacion le dio dos palmaditas afectuosas en la cabeza y en un solo gesto volvió a meterse sus billetes al bolsillo, dio la espalda al pobre muchachito y partió...

Como era de esperar las hélices de la licuadora jamás dieron un solo giro, la plancha nunca calentó por encima de dos grados de la temperatura ambiental, el disco rayado sonó en bucle los 15 primeros segundos, el nintendo resultó un Atari y exploto causandole severas lesiones cuando presiono el primer botón de play….

Feliz Navidad!!!

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