martes, 9 de octubre de 2007

EL POSTE ES MIO


En una incursión urbana más, nuestros héroes se dirigían a algún antro del populoso distrito de san juan de miraflores como lo había sugerido Josué.


"Doctores, les digo que ahí están las mejores hembras de Lima. Siempre sale algo. El otro día me agarré un culazo ahí, muy bueno. Era una anfitriona, le baje un sencillo pero que chucha. Hablas vas?" – dijo Josué.


"Es cuestión de pararles el trago y listo, cagadas." – aportó Pepito. Pepito, como siempre, pensaba que todo lo solucionaba con plata. Él mismo se veía más atractivo, más seguro de sí mismo los fines de mes y quincenas. Después que sus padres o su enamorada le pedían algún porcentaje de su sueldo para seguir queriéndolo inmediatamente se veía al espejo, con algo menos de plata y pensaba: "Que feo estoy carajo.". Es por eso que los días de incursión, cargaba la billetera con el sueldo recién recibido y un adicional de los ahorros. "Hoy estoy en algo", pensaba alegremente y no dejaba de repetírselo para sus adentros.


"Arch grunch snarf!!!" – chilló el cerdo Deniro. Cuando el cerdo empezaba con sus clásicos sonidos los duques sabían muy bien que estaba excitado o quizás con hambre. Tuvieron que pasar muchos años para empezar a entenderlo a partir de los sonidos o quizás por los brincos que daba. Cuando daba saltitos sobre sus patas traseras los duques llegaron a entender que se trataba de que estaba contento y tenía hambre. Entonces le aventaban cualquier cojudez de la calle como una suela de zapato o cualquier piedra con mierda la cual tragaba en el acto. Si por ejemplo daba brincos con las cuatro patas a la vez y gruñía a través de la nariz, sabían que estaba excitado. Si encontraban algún perro callejero lo apareaban pero si estaban en algún lugar público de un tacazo en los genitales lo callaban por una buena media hora hasta que sus instintos se volvían a despertar, momento en el cual cualquiera de los duques, con sumo placer, volvía a realizar el mismo procedimiento.


"Es cuestión de florearlas, de hablarles bonito, de escucharles sus problemas y listo caracho." – dijo Betito. "Un día me pasó que… "


"Calla mierda!!!" – tronó Nando, callando secamente a Betito. "Tú y tus sentimentaladas me llegan al pincho carajo. La idea es ser mierdas con ellas, un buen floro como estocada directo al corazón y listo imbéciles de mierda. Hay que engatusarlas, embaucarlas, mentirles bonito y luego procede uno a violarlas y a botarlas como trapo viejo, así se les trata carajo." – diciendo esto se acordaba de Lucifer, su maestro que lo había formado. Sonreía y babeaba al hablar, como poseído. "Ustedes peruanos de mierda nunca entenderán. Allá en yurop la cosa es más fácil basuras, hombre y mujer se gustan y listo carajo. No hay mucha huevada como aquí en este país de mierda. Por eso me llega al pincho que cada vez que vengo me tengo que switchear para pensar como ustedes serranos de mierda. Pero igual la hago cagadas, igual los cago a todos porque yo soy mejor que todos ustedes idiotas de mierda, aquí o allá, basuras!!! Jajaja!!!." Las palabras de Nando resonaron como eco en toda Lima. A pesar de que los duques ya conocían a Nando, sus palabras nunca dejaban de sorprenderlos. Muchas veces tenían la sensación que andaban con un animal tenebroso o con un monstruo, pero así era él, en eso se había convertido y al fin y al cabo les divertía su decadencia.


Llegó la hora de tomar el taxi y todos se acercaron al tico de turno. "Yo hablo imbéciles, buenos para nada" – dijo Nando adelantándose a todos, como compitiendo. "Señor buenas noches, como usted puede notar, yo aquí soy el más refinado del grupo, el más bacán, el más fino. Soy europeo pues mister… Queríamos saber cuánto nos cobra aquí nomás a san juan de miraflores, exactamente a la discoteca… "


"San yon de lukinflowers welcome and back again!!!" – interrumpió desde el fondo Josué mientras reía a carcajadas como una hiena. Todos voltearon a mirarlo, como preguntándose qué pasaba, el por qué del comentario. Josué siempre repetía esta frase sin ton ni son y reía sólo a más no poder. El resto de los duques sólo lo miraban callados y esperaban a que terminara su ataque de risa.


"Que tienes mierda? No ves que estoy negociando?" – replicó Nando. "Mister, no haga caso a estos huevones, la idea es que de aquí de lince a san juan lo justo es 1 luca por cabeza, osea 5 luquitas bien pagadas. Mire, piense de esta manera, nada nos cuesta tomarnos la 73 y llegamos igual a nuestro destino, no se da cuenta?. Igual podemos pagar un micro y cagarlo a usted, pero queremos colaborarle, yo se muy bien que usted es un peruano sufrido que quiere llevarse un pan a la boca. Queremos ayudarle!" – continuó Nando, feliz porque entendía que había dicho las mejores palabras de la noche, un razonamiento de aquellos, infalible. A la vez le excitaba su poder de convencimiento para con el pobre taxista, razonaba así: "A este chuchasumare no le va a quedar otra que aceptar mi propuesta, es un peruano cagado más y se caga de hambre como todos aquí en este país de mierda."


Sonriendo, apoyado en la ventana del copiloto, Nando esperaba la respuesta positiva del taxista con seguridad. Volteó a mirar a los duques y dijo: "Ya está señores, no les dije, aquí cualquier europeo como yo la hace linda siempre que sepan hablar, eso si, refinadamente, imbéciles de mierda".


Dicho esto, el taxista puso primera y arrancó dejando una estela de humo en la cara de Nandito. Pensó: "Qué se habrá creído ese pezuñento de mierda, 5 lucas a san juan? Misio de mierda carajo…" mientras ponía en la radio un programa muy sintonizado llamado "por las rutas del amor".


Nando, con todo su tamaño descomunal, cayó pesadamente al suelo haciendo tronar sus largos huesos en la pista. "Taxista conchatumare!!! Yo voy a huevear hoy día mientras tú tienes que chambear hijo de puta!!! Peruano de mierda carajo!!! Por eso estamos como estamos serranos de mierda!!!" – gritaba Nando desesperado, no pudiendo entender aún como el taxista había podido rechazar su buena oferta. "Esta cagado." Habló más calmadamente. "No entiende el ofertón que le hicimos". El resto de duques no terminaba de entender su terquedad. Hasta un retrasado mental la hubiera rechazado pero nadie lo contradecía, todos en el fondo querían que muera con su cojudez.


Los duques ayudaron a sobreponerse al desvalido excepto uno: Betito, el cual se cagaba de risa aplaudiendo a rabiar, metiéndose sonoros pedos y repitiendo: "Que buena! Que buena! Que buena!"


"Ya fuera mierdas, yo voy a negociar!" – gritó Pepito. Paró otro tico y habló al taxista así: "Buenas, cuanto a san juan de miraflores?". El taxista respondió secamente: "10 soles!"

"Que sean 15!!!" – replicó Pepito, como sintiéndose mejor de pagar más, como sintiéndose un ganador.


El taxista lo miró extrañado, intentando entender al extraño personaje pero abandonó el intento y dijo: "OK".


"Suban carajo!. Ya está el negocio!" – gritó Pepito, mientras se sobaba la billetera que tenía en el bolsillo delantero de su pantalón. En ese momento sonrió, su pene se erectó y sintió erizarse su nuca. Cuanto más gorda estaba su billetera, mayores sensaciones de placer y felicidad sufría.


En ese momento Nando volvió a adelantar a todos y tomó el asiento delantero del copiloto. "Disculpe usted mister, pero yo soy europeo, y esta sarta de serranos de mierda toda la noche me han hecho renegar. Yo merezco sentarme adelante porque soy el líder de estas bestias."


El resto de duques subieron al taxi todos apretujados. Como no entraban todos cómodamente, Betito sin pensarlo y de manera ágil se subió al taxi y se subió en las faldas del cerdo. Betito era un ser retorcido, nadie sabía con certeza si era heterosexual, homosexual, bisexual o finalmente asexuado, pero con este acto quedaba demostrado que tenía algo de simpatía con la zoofilia: se pegó mucho al pene del cerdo, se acomodó y comenzó a hablar huevadas. El resto de duques lo oían encandilados, pero a la vez pensativos y con dudas acerca de su sexualidad. A veces se horrorizaban de las historias asquerosas que contaba. Pero el horror venía no tanto de la historia misma sino de la naturalidad con las que las contaba. Estaba tan sumergido en el submundo de la mierda que para él todo esto era normal. Estaba enfermo, no tenía cura.


La hiena trataba de hacer unos trucos de magia con sus viejas cartas al taxista. "Señor, estoy trabajando." – replicó secamente el taxista. Entonces la hiena se volvió hacia el resto de duques: "Doctores! sin han estado atentos, donde esta la reina de corazones?". Todos al unísono replicaron: "En tu culo".


Todos menos Nando, que aún no entendía los trucos baratos de la hiena y por eso, tercamente, era el único que le prestaba atención. Durante todo el viaje todos iban pensando en lo que iba a acabar la noche, pero en el fondo se oían discusiones estúpidas acerca de números y palos, de barajas y de trampas bajo la manga: eran la hiena y Nando que todo el trayecto se entramparon en ese tipo de discusiones absurdas.


Llegó el momento de pagar y Pepito adelantó a todos: "Señores, yo pongo 11 soles! Ustedes pongan una luca por cabeza y listo, se completó el billete." Pepito con esto pretendía sobresalir, dejar ser lo que era, que lo aceptaran y lo quisieran.


Nadie entendió el tonto raciocinio de Pepito pero ninguno replicó. Todos apáticamente metieron las manos a sus sucios bolsillos para sacar un sol. Todos excepto Nando: "Señores, yo no pongo ni mierda."


Esta vez nadie le replicó. Hubiera sido una pelea más, sosa e interminable como las que siempre tenían al intentar reclamarle a Nando algo de dignidad. Pepito completó el pago y todos emprendieron la marcha.


Antes de ubicar algún local donde hubieran entrado nuestros héroes, se dispusieron a mear. "Señores, me meo" – vociferó Betito. Dicho esto, en medio de la vía pública, saco el pene del pantalón y comenzó a mear cagándose de risa, soltando pedos, aplaudiendo y haciendo visos de masturbación.


El cerdo sólo alzó la pata izquierda y meó un par de gotas. Al cerdo el viaje lo había dejado deshidratado por eso no tenía líquidos que arrojar.


La hiena no quería mear, estaba encandilado con su distrito, mirando a todo culo que pasaba de manera pervertida con su mirada de lechuza y diciendo: "Doctora, un truquito de magia?"


Quedaban Pepito y Nando sin mear. A lo lejos divisaron un poste donde, según ellos, era el sitio más elegante donde mear. Habían pasado los años y estos personajes seguían discutiendo acerca de conocimientos técnicos, para demostrarse a ellos y al resto de que cada cual era el mejor. Mientras uno hablaba de una nueva tecnología el otro atacaba con una más actual. Esa misma rivalidad se apreciaba en este momento en sus miradas: al divisar ambos el poste, sus ojos se cruzaron con odio, con rivalidad insana como en una película del oeste cuando ambos rivales están a punto de jalar el gatillo. Ambos pensaban llegar al poste primero que el otro.


"El poste es mio!" – chilló Nando emprendiendo una veloz carrera, tratando de adelantar al resto como en toda la noche. Pepito, ciego a más no poder, también echo a correr tras el objetivo. En el camino ambos se ponían cabes, se arrancaron las ropas, se cayeron, se volvieron a parar, se escupieron, insultaron incluso a sus propias familias. En ese momento, para este par de enajenados, el poste era como el objetivo de sus vidas. La idea era demostrar que el otro no era mejor que aquel. Corrían raudamente, como locos, emanando ira y piconería juntas.


Finalmente, tal como lo había predicho Nando, el poste era suyo. Llegó primero. Se acercó al poste como si fuera su trofeo, lo tocó, lo manoseó, casi lo besó. Pepito sólo jadeaba y babeaba, deseándole la muerte a su rival. Se le oyó decir: "Mea nomás huevón, igual, yo tengo más plata que tú."


"Calla mierda" – replicó Nando, sonriendo, aún acariciando su objetivo ganado. Se bajó el cierre del pantalón, sacó el pené hacia fuera y comenzó a mear plácidamente. En ese momento, un baldazo con agua, pichi y restos fecales bañó por completo a nuestro héroe Nando. Era una vieja que vivía cerca del poste.


Por las calles de san juan de miraflores, aún se cuenta la leyenda de un loco que todas las noches viene corriendo de chorrillos hacia san juan de miraflores con una camisa de marca, pantalones y zapatos también de marca europeos, pero viejos, hechos añicos y sucios de mierda y orines y que todas las noches patea la puerta de esta vecina gritando ensordecedoramente: "Vieja conchatumare, serrana de mierda! Todos los días te voy a patear tu portón serrana conchatumare! Mañana vuelvoooo" mientras se aleja, corriendo, chueco, alto y deforme, de retorno a su querido chorrillos.



No hay comentarios: